2009
Mi experiencia con la enfermedad de Lyme comenzó en 2009 durante un viaje laboral a una zona rural de México donde estaba prevista la construcción de una nueva fábrica de producción. Durante mi estancia en el campo, pasé largas jornadas en contacto directo con la vegetación y animales como ovejas, vacas y perros, .
A pesar de haber recibido numerosas picaduras en mis piernas, en un principio no les presté demasiada atención, pues las consideraba parte de la experiencia en ese entorno por causa de pulgas, hormigas u otro tipo de insectos habituales en esas zonas.

Mayo, 2009
Pocos días después de regresar a casa tras una visita de proyecto, en mayo de 2009, empecé a experimentar síntomas similares a los de una gripe: una fiebre leve, cansancio general, dolores musculares y tos. Como estos signos eran comunes y se daban en el contexto de la época, en la que se hablaba mucho de la gripe A (H1N1), no parecía alarmante, y en pocas semanas los síntomas cedieron, dejándome la sensación de haber superado una gripe habitual aunque bastante fuerte.

Octubre, 2009
Sin embargo, a los 4 o 5 meses del episodio inicial, empecé a notar sensaciones extrañas en mi cuerpo: entumecimientos y hormigueos intermitentes en manos y pies, junto con una sensibilidad aumentada en los nervios. Estos síntomas, aunque intermitentes, complicaron la realización de actividades cotidianas, generando incomodidad en acciones tan simples como sostener el móvil o incluso sentarme.
Fue en este punto que comenzó mi largo camino en busca de respuestas y de un diagnóstico acertado para los problemas que parecían superar la simple gripe, la cual tampoco relacionaba con los nuevos síntomas que empezaba a tener.


Noviembre/Diciembre 2009
A finales de 2009, las molestias iban en aumento y mi situación se complicó notablemente. Los hormigueos y entumecimientos se extendieron a otras partes del cuerpo, incluyendo la cabeza, la espalda y los brazos, y aparecieron espasmos musculares (fasciculaciones) bastante intensos que me alarmaron mucho, ya que estas fasciculaciones de nervios periféricos son síntomas iniciales de enfermedades neurodegenerativas como el ELA o esclerosis múltiple .
Ante este empeoramiento general, visité a varios médicos de diferentes especialidades. Inicialmente, algunos atribuyeron mis síntomas al estrés y la ansiedad, una explicación que parecía coherente dada la intensidad de mi trabajo.
Sin embargo, conforme pasaban los meses, los síntomas no hacían más que aumentar, y con ellos surgían nuevas complicaciones y aumentaba mi preocupación.
2010
De esta forma, a principio del 2010, además de los problemas neurológicos, empecé a sufrir importantes molestias digestivas, un insomnio severo y dolores intensos del tipo artralgias en las articulaciones mis piernas, brazos y manos, afectando tanto músculos como articulaciones.
La combinación de estos síntomas llevó a consultas con especialistas en traumatología, psiquiatría, neurología y aparato digestivo, las cuales me llevaron prácticamente todo el año 2010 en una búsqueda continua y desesperada de un diagnóstico que explicara el motivo de semejante sintomatología variada.
Aunque en un principio tuve diversos diagnósticos diferentes como depresión severa debida al estrés extremo, neuropatía periférica de algún tipo (hay más de 150 diferentes) y fibromialgia, sentía que estas explicaciones no abarcaban ni explicaban toda la complejidad de mi situación.

Diciembre, 2010
El punto de inflexión llegó en diciembre de 2010, cuando un reconocido neurofisiólogo de mi ciudad natal decidió profundizar en mi caso, dedicando una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en tratar de encontrar un diagnóstico más certero, .
El doctor realizó múltiples pruebas: complejos análisis de sangre para búsqueda de anticuerpos autoinmunes y posibles infecciones de bacterias, virus, hongos, etc… pruebas de conducción nerviosa, gammagrafías, resonancias magnéticas del diferentes partes de mi cuerpo vertebral para descartar condiciones como la esclerosis múltiple, ELA o tumores oncológicos.
Entre la gran cantidad de resultados que se obtuvieron, hubo dos de ellos que empezaron a dar un poco de sentido a la sintomatología que presentaba , ya que el test de cribado para Borrelia Burgdorferi, la bacteria responsable de la enfermedad de Lyme y que es transmitido por picadureas de garrapatas en entornos rurales como el de México, resultó positivo.

Diciembre, 2010
Sin embargo, también aparecieron positivos un conjunto de anticuerpos autoinmunes (anti gangliósidos) muy habituales en enfermedades neurodegenerativas, por lo que abrieron la posibilidad de dos diagnósticos: una enfermedad autoinmune, como la polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica (CIDP), o una infección bacteriana provocada por la Borrelia Burgdorferi.
Ante la posibilidad de tener dos enfermedades tan diferentes (infección bacteriana o enfermedad autoinmune), con tratamientos completamente opuestos y contraindicados, el doctor prosiguió con su diagnóstico diferencial, hasta que encontró un artículo científico del Dr. Garcia Moncó (1), que relacionaba ambas enfermedades, en el cual se demuestra que el origen de la enfermedad autoimmune puede ser la propia bacteria Borrelia Burgdorferi.
Ante esto, el Doctor solicitó la prueba confirmatoria de la infección mediante una técnica de Western Blot, realizada en un laboratorio de referencia en Francia, el cual confirmo la presencia de la bacteria.
Así que después de un año y medio de dolores, una cierta discapacidad progresiva y mucha incertidumbre y temor, por fin tenía un diagnóstico!!
Mi diagnostico era clara: enfermedad de Lyme en estado diseminado tardío o Lyme crónico.

2011
Con el diagnóstico de Lyme diseminado tardío o crónico finalmente establecido, y después de varios intentos de tratamiento fallido en el mismo hospital de mi ciudad al que estaba yendo , la dificultad para se hizo evidente y tuve claro que necesitaba un equipo médico especializado para abordar la complejidad de mi situación.
La búsqueda de ayuda me llevó a conocer el Borreliose Centrum Augsburg (BCA) en Alemania, un centro dedicado exclusivamente al diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Lyme y sus coinfecciones, como Ehrlichia y Anaplasma.

2011
En el BCA se me diseñó un plan de tratamiento personalizado. La estrategia principal consistió en una terapia antibiótica agresiva: se administraron tres antibióticos inyectables y orales de forma simultánea durante aproximadamente seis meses, con el objetivo de erradicar la bacteria y combatir las coinfecciones.
Este tratamiento, aunque necesario, vino acompañado de importantes efectos secundarios, entre ellos debilidad, náuseas, un agotamiento extremo y la sensación de que mi cuerpo estaba al límite.

2011
Sin embargo, el éxito del tratamiento no se basó únicamente en los antibióticos: el equipo del BCA adoptó un enfoque integral y complementario, que incluía terapias de soporte para mitigar los efectos adversos y favorecer la recuperación por medio de una suplementación natural variada, protocolos de alimentación y estrategias de ejercicio deportivo.

Entre estas terapias se encontraba la detoxificación, orientada a eliminar las toxinas generadas tanto por la bacteria como por los medicamentos; estrategias para fortalecer el sistema inmunológico; protocolos para la regeneración intestinal, esencial tras el uso prolongado de antibióticos; y el uso de antioxidantes para proteger y regenerar las células.
El tratamiento se adaptaba constantemente, permitiendo pausas cuando era necesario para darle a mi cuerpo el tiempo de recuperarse antes de retomar la terapia intensiva.
2012
A lo largo de esos meses de tratamiento, viví momentos de gran sacrificio y dudas. Hubo semanas en las que los efectos secundarios me hicieron sentir que no podía seguir, y se requerían pausas en el tratamiento para permitir que mi organismo se recuperara a nivel físico y también mental.
Sin embargo, y a medida que pasaban las semanas y meses la combinación de la terapia antibiótica agresiva y las estrategias integrativas para poder asimilarlo, fue progresivamente eficaz. Poco a poco, los dolores articulares empezaron a disminuir, los síntomas neurológicos se hicieron menos frecuentes y mi nivel de energía comenzó a regresar.
El tratamiento duró mas de 6 meses , pero desde entonces puedo decir que he logrado una recuperación completa y que llevo una vida normal, algo que durante mucho tiempo creí imposible.
2012
Este proceso me enseñó la importancia de contar con un tratamiento personalizado y un equipo de profesionales sanitarios que comprenda a fondo la complejidad de la enfermedad de Lyme y de otras muchas enfermedades similares, con grandes dificultades para encontrar un tratamiento que mejore la sintomatología que provoca cada una de ellas.
Esta dura experiencia vivida me impulsó a querer ayudar a otros que enfrentan situaciones similares, y fue así como nació el proyecto Inmunohealth.
Con este proyecto, mi objetivo es compartir mis conocimientos y experiencias para brindar apoyo, esperanza y orientación a quienes se sienten desamparados ante esta y otras enfermedades.
Mi historia es un testimonio de superación, de la importancia de una búsqueda incansable de respuestas y de la combinación de terapias alopáticas y naturales para recuperar la salud.
Espero que al compartir mi experiencia, más personas encuentren el apoyo que necesitan y se den cuenta de que, con el tratamiento adecuado y un enfoque integral, es posible vencer los desafíos que plantea muchas enfermedades.

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